Banca española lidera Europa|Latinoamérica absorbe el golpe arancelario

· IPC

Líderes europeos bajo presión

Santander, BBVA y Sabadell encabezaron la rentabilidad bursátil en Europa durante el último mes. Eso no es un dato menor: ocurrió mientras los mercados globales procesaban la escalada arancelaria de la administración Trump.

La pregunta que ese dato no responde es la siguiente: ¿lideraron porque estaban bien posicionados, o porque el mercado aún no ha descontado el daño real?

CaixaBank cedió un 1,50% con los compradores retirándose en el rango de 10,33 a 10,49 euros. BBVA cayó un 1,87% con resistencia técnica en 19,39 euros. Dos señales técnicas que apuntan en la misma dirección: el impulso comprador se está agotando precisamente donde más se necesitaría.

El consenso en este momento es relativamente sencillo de formular. Los bancos españoles se beneficiaron de la subida de tipos del BCE, sus márgenes de interés neto mejoraron, y los balances llegaron al ciclo arancelario en mejor forma que en 2008 o 2012. Eso es verdad. Pero esa narrativa tiene una grieta que vale la pena examinar con más detalle.

La exposición que el margen no cubre

La grieta está en Latinoamérica. Santander y BBVA no son bancos puramente europeos. Una parte estructural de sus ingresos proviene de México, Brasil, Argentina y Colombia. Y esa geografía está en el centro de la tormenta arancelaria, no en la periferia.

Cuando Washington impone aranceles a México, no solo afecta a las manufacturas. Afecta al crecimiento del PIB mexicano, al empleo formal, a la capacidad de pago de los hogares, y por extensión, a la calidad de la cartera crediticia de los bancos que operan allí. Santander y BBVA lo saben. Sus inversores también, en teoría.

Pero aquí aparece el primer punto que suele quedar fuera del análisis estándar. La exposición latinoamericana de estos bancos no es solo un riesgo de crédito directo. Es un riesgo de divisa compuesto. Si el peso mexicano o el real brasileño se deprecian frente al euro como consecuencia de la incertidumbre arancelaria, los beneficios consolidados en euros se comprimen automáticamente, incluso si la calidad crediticia local se mantiene. No hace falta una ola de impagos para que el daño aparezca en la cuenta de resultados. Basta con el tipo de cambio.

Este mecanismo es más silencioso que una crisis de morosidad, y por eso tiende a subestimarse hasta que los resultados trimestrales lo hacen visible.

El reverso que pocos están viendo

Ahora bien, hay un elemento en este escenario que el mercado está tratando como ruido y que podría resultar ser señal.

El FMI, a través de Kristalina Georgieva, advirtió que los bancos centrales deberían subir tipos si las expectativas de inflación se desanclan. Esa frase se leyó principalmente como una señal de alerta macro. Pero para los bancos españoles, un ciclo de tipos más alto durante más tiempo tiene una implicación directa y favorable: los márgenes de interés neto se mantienen elevados por más tiempo del que el mercado descuenta actualmente.

El consenso de mercado lleva meses anticipando recortes del BCE. Si ese escenario se retrasa o no se materializa en la magnitud esperada, los modelos de valoración del sector bancario europeo necesitan revisarse al alza en su componente de ingresos recurrentes. Eso no es un escenario de euforia. Es simplemente aritmética de margen.

Este es el reverso que la narrativa arancelaria tiende a oscurecer. La presión geopolítica que genera inflación persistente es, paradójicamente, el mismo mecanismo que sostiene la rentabilidad de los bancos en el corto y medio plazo.

Bestinver lo tradujo en acción concreta: elevó el precio objetivo de Sabadell y mejoró su recomendación a comprar. No es un banco con exposición latinoamericana significativa, lo que lo convierte en un proxy más limpio del ciclo de tipos europeo, sin el ruido de divisa que afecta a Santander o BBVA.

Escenarios divergentes y dónde pesa la evidencia

El escenario adverso tiene una secuencia lógica clara. La guerra arancelaria se intensifica, el crecimiento latinoamericano se contrae, las divisas regionales se deprecian frente al euro, y los resultados consolidados de Santander y BBVA decepcionan en los próximos dos o tres trimestres. En ese contexto, las resistencias técnicas que ya están frenando a BBVA en 19,39 euros y a CaixaBank en el rango de 10,33 a 10,49 euros actuarían como techos, no como niveles de consolidación.

El escenario de recuperación requiere una condición diferente. Si las negociaciones arancelarias entre Washington y los principales socios comerciales avanzan hacia una desescalada, el primer activo en recuperarse serían precisamente los bancos con exposición emergente. La reversión del riesgo geopolítico tiende a ser rápida en términos de precio cuando el ciclo crediticio subyacente no está dañado estructuralmente.

La evidencia disponible inclina el análisis hacia un escenario intermedio: deterioro moderado y gradual, no ruptura abrupta. Los balances del sector llegaron al episodio arancelario con colchones de capital superiores a ciclos anteriores. Unicaja, con su dividendo complementario de 0,107 euros por acción anunciado para el 23 de abril, está señalando precisamente eso: la capacidad de distribuir capital en medio de la incertidumbre es un indicador de fortaleza de balance, no de complacencia.

El segundo punto que suele pasarse por alto en este debate es la asimetría entre bancos del sector. No todos los nombres españoles tienen la misma exposición al riesgo arancelario. Unicaja y Sabadell operan con perfiles más domésticos o europeos. CaixaBank tiene una estructura mixta. Santander y BBVA concentran la exposición emergente. Tratar al sector como un bloque homogéneo es el error analítico más frecuente en este momento.

La dirección probable, condicionada a que no haya una recesión latinoamericana sincronizada, apunta hacia una diferenciación creciente dentro del sector. Los bancos con menor exposición emergente y mayor visibilidad de dividendo podrían comportarse de forma más resiliente. Los de mayor exposición internacional dependen de una variable que no controlan: la duración e intensidad del conflicto arancelario. Y esa variable, por ahora, sigue abierta.

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