Banxico pierde 410,000 millones|capital en negativo mientras Hacienda habla de solidez
El día en que México creció hacia atrás
El Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores cerró abril con una caída de 1.1 por ciento, ubicándose en 67,858 puntos. Fue el segundo mes consecutivo de pérdidas. Enero y febrero habían arrancado el año con subidas de cinco por ciento cada uno. Ese impulso se evaporó en ocho semanas.
El telón de fondo fue la economía real. El Producto Interno Bruto de México se contrajo 0.8 por ciento en el primer trimestre de 2026, el peor arranque de año desde 2020, cuando el mundo se paralizó por la pandemia. La caída tocó todos los sectores: agricultura, manufactura, servicios. No hubo refugio sectorial.
El secretario de Hacienda, Edgar Amador, salió a calmar los mercados. "Las variables macrofinancieras han evolucionado con absoluta tranquilidad", dijo. Prometió que la inversión pública rebotará hacia fin de año y que México crecerá a una tasa anualizada de 3 por ciento para el cuarto trimestre. El riesgo país, señaló, está más bajo hoy que hace una semana.
Y en el mismo día, el Banco de México publicó sus estados financieros dictaminados para el ejercicio 2025. El banco central reportó pérdidas de operación por 410 mil 52 millones de pesos. El gobierno federal no recibirá remanente. Por segundo año consecutivo.
Hay algo que no cierra en ese cuadro.
Un banco central con capital negativo y un gobierno que dice tener solidez fiscal
El Banco de México terminó 2025 con un capital contable de menos 320 mil 123 millones de pesos. Negativo. No es un eufemismo contable: el banco emisor del país opera técnicamente con patrimonio bajo cero.
La explicación oficial es cambiaria. El tipo de cambio FIX cerró 2025 en 18 pesos por dólar, lo que implicó una apreciación del peso de 13.4 por ciento frente al año anterior. Cuando el peso se aprecia, las reservas internacionales de Banxico —denominadas en dólares— valen menos al convertirse a pesos en los libros contables. El resultado: una pérdida de papel que, sin embargo, tiene consecuencias reales.
El precedente más cercano ocurrió en 2023. Ese año la pérdida fue de 440 mil 16 millones de pesos, la mayor de la que se tenga registro. Ahora 2025 ocupa el segundo lugar histórico. Dos de los últimos tres años terminaron en rojo para el banco central. La última vez que Banxico entregó remanente al gobierno fue en 2024, por apenas 17 mil 994 millones de pesos, una cantidad que se destinó a recomprar un bono soberano en dólares.
El remanente de Banxico no es un dato menor en las finanzas públicas. En años de superávit cambiario, ese recurso complementa el presupuesto federal. Su ausencia en 2025 se suma a una inversión física presupuestaria que cayó 15.6 por ciento real anual en el primer trimestre de 2026, la cifra más baja desde 2017 según los propios datos de la Secretaría de Hacienda.
La pregunta que el mercado lleva semanas formulando tomó otra dimensión hoy: ¿cómo se ejecuta un programa de inversión pública de 900 mil millones de pesos anuales cuando el banco central no genera recursos para el fisco, el PIB retrocede y el petróleo —que sí sube— pertenece a una Pemex que acaba de reportar pérdidas de 46 mil millones de pesos en el primer trimestre?
La mezcla mexicana de exportación acumula un alza de 66 por ciento desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Israel e Irán, al pasar de 63 dólares por barril a 105 dólares al cierre de abril. En cualquier año anterior, ese nivel de precios habría generado ingresos extraordinarios para el gobierno a través de Pemex. Hoy, la empresa produce menos, exporta menos y pierde más. El alto precio del crudo no se está traduciendo en el dividendo fiscal de siempre.
Hay un dato que rompe el argumento de solidez en otro frente. El estado de Sinaloa, cuyo gobernador Rubén Rocha Moya fue formalmente acusado por autoridades del Distrito Sur de Nueva York por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, vio cómo S&P Global Ratings colocó su calificación crediticia en revisión con implicaciones negativas. La agencia advirtió que la incertidumbre sobre el acceso de Sinaloa a financiamiento bancario podría deteriorar su perfil crediticio, en un estado cuya deuda de corto plazo ya era vulnerable antes de este evento. Banorte, Santander y BBVA México figuran entre sus principales acreedores.
La Secretaría de Hacienda dijo que el tema corresponde a la Fiscalía General de la República. El mercado, mientras tanto, cerró el mes con el peso apreciándose 2.55 por ciento en abril y el IPC perdiendo 1.1 por ciento. Las dos cifras apuntan en la misma dirección que la pérdida de Banxico: la apreciación del peso tiene un costo que no aparece en el discurso oficial de solidez.
Lo que tiene que pasar para que el cuadro mejore, y lo que puede hacer que empeore
La tesis oficial de Hacienda —crecimiento a tasa anualizada de 3 por ciento para el cuarto trimestre— requiere que la inversión pública ejecute a un ritmo sin precedente en los próximos seis meses. En marzo ya se registró un rebote de 69 por ciento real anual en inversión, según los propios datos de Hacienda. Si esa aceleración se sostiene y los proyectos de infraestructura financiados por la nueva Ley de Infraestructura entran en ejecución antes del tercer trimestre, el escenario de recuperación tiene base.
La condición que puede hacer colapsar ese escenario es el tipo de cambio. Si el peso continúa apreciándose hacia finales de 2026, las pérdidas cambiarias de Banxico para el ejercicio en curso volverán a ser significativas. Un tercer año consecutivo sin remanente no es el riesgo principal, pero sí señaliza una fragilidad en el modelo de financiamiento público que el mercado todavía no ha descontado del todo.
El segundo riesgo es la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, que comenzará en las próximas semanas. La Secretaría de Economía acabó de reestructurarse internamente tras la salida de siete funcionarios que buscarán cargos de representación popular. Marcelo Ebrard tiene una buena noticia para presentar en la mesa: México salió de la Lista de Vigilancia Prioritaria del Reporte 301 del Representante Comercial de Estados Unidos en materia de propiedad intelectual, lo que elimina un obstáculo formal para las negociaciones. Pero la presión sobre el caso Sinaloa complica la relación bilateral justo cuando más se necesita estabilidad política.
El indicador que vale la pena seguir en las próximas semanas es el tipo de cambio peso-dólar. Si se mantiene por debajo de 17.50 pesos, la apreciación seguirá generando presión contable sobre Banxico y limitando el espacio fiscal. Si el peso se deprecia hacia 18.50 o más, el remanente de Banxico para 2026 podría recuperarse, pero a costa de presión inflacionaria en un año en que la Junta de Gobierno evalúa un último recorte de tasas.
El banco central de un país que habla de solidez fiscal terminó el año pasado con capital negativo. Eso no quiere decir que el sistema esté en crisis. Quiere decir que la historia que se cuenta desde Hacienda y la que muestran los balances de Banxico no son todavía la misma historia. Y la pregunta que queda abierta es cuál de las dos terminará siendo la correcta antes de que cierre 2026.