Empleo cae 30,000|Mercado Libre invierte 4,600 MDD en México

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El día en que el capital global y el IMSS publicaron datos opuestos

El 9 de junio de 2026, Jamie Dimon entró a Palacio Nacional. El director ejecutivo de J.P. Morgan, el banco con mayor capitalización de mercado en el mundo, se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum para hablar de las perspectivas económicas de México y de la agenda comercial de Norteamérica. Esa misma tarde, representantes de BlackRock, la gestora de activos más grande del planeta con más de 10 billones de dólares bajo administración, también estuvieron en Palacio Nacional.

El mensaje visible de esas reuniones es claro: las instituciones financieras más grandes del mundo consideran a México un destino de capital relevante en un momento en que las cadenas de suministro globales se reconfiguran. No es una cortesía protocolar. J.P. Morgan mueve más capital en un trimestre que el Producto Interno Bruto anual de México.

Ese mismo día, el Instituto Mexicano del Seguro Social publicó sus cifras de empleo formal para mayo. México perdió 29,922 puestos de trabajo registrados. El total acumulado entre enero y mayo de 2026 es de apenas 201,605 empleos nuevos. Es la cuarta cifra más baja registrada en lo que va del siglo XXI. Solo el año 2020, cuando la pandemia detuvo la economía global, fue peor en tres de los últimos veinticinco años. En el resto, México generó más empleo formal del que genera hoy.

Los mercados financieros y los registros laborales describieron el mismo país de dos maneras completamente distintas en el mismo día de junio.

Nearshoring, Mundial y el empleo que no llega

La pregunta que el dato del IMSS pone sobre la mesa no es solo cuántos empleos se perdieron en mayo. La pregunta es por qué no se están creando, dado el contexto que debería favorecerlo.

La narrativa dominante sobre México en los últimos dos años descansa en dos pilares: el nearshoring, que supone que la reconfiguración de las cadenas globales de suministro genera empleos industriales en territorio mexicano, y el Mundial de Fútbol 2026, que se celebra parcialmente en México y se espera que genere un efecto económico significativo. Ambos pilares siguen siendo parte del discurso oficial y del discurso del sector privado.

La empresa ManpowerGroup publicó esta semana sus expectativas de contratación para el tercer trimestre de 2026. Las calificó como "cautelosas y moderadas". Añadió que ni el nearshoring ni el Mundial están acelerando la creación de empleo formal en el país. Es un pronunciamiento directo de la principal consultora global de recursos humanos, y contradice el argumento de que el entorno externo está jalando el mercado laboral hacia arriba.

Los centros comerciales de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey esperan un auge de visitantes durante el torneo. FUNO prevé mayor afluencia en sus activos. Alsea destina 5,500 millones de pesos para aperturas y remodelaciones en 2026. Se proyectan hasta 5 millones de visitantes en la capital. Sin embargo, los anfitriones de Airbnb en las colonias más demandadas de la Ciudad de México — como la Roma — ya están bajando sus tarifas, porque solo el 10 por ciento de las reservas actuales corresponde a demanda internacional vinculada al Mundial. La expectativa y la realidad de demanda turística no están convergiendo.

Lo que el IMSS confirma es que la presión positiva que esos catalizadores deberían generar no está llegando al mercado formal de trabajo. El dato acumulado de 201,605 empleos en cinco meses es la señal estructural más clara que tenemos hoy sobre el ritmo real de la economía.

Pemex: la grieta debajo del discurso de solidez

Si el empleo formal es la señal más visible, Pemex es la señal más profunda, y ocurre en el mismo cuadro.

En el primer cuatrimestre de 2026, la inversión productiva de Petróleos Mexicanos cayó 47.5 por ciento en términos reales respecto al mismo período del año anterior. En valores absolutos, eso es una reducción de 62,503 millones de pesos reales. El nivel absoluto de inversión, 69,071 millones de pesos, es el más bajo que la empresa ha registrado desde 2011. Y la caída porcentual es la más grande desde que existen registros comparables.

Pemex no es solo una empresa. Es la principal fuente de ingresos del gobierno federal y el activo soberano que más directamente incide en la calificación crediticia de México. Cuando su inversión productiva cae a este ritmo, no está aplazando proyectos; está reduciendo su capacidad de producción futura, lo que se traduce en menos ingresos fiscales, mayor presión sobre el gasto público y eventualmente mayor costo de la deuda soberana para México en los mercados internacionales.

La reunión con Dimon y Fink ocurre mientras ese proceso está en marcha. Los grandes gestores de capital global están evaluando un México que sigue siendo atractivo en términos de posición geográfica y potencial del T-MEC, pero que tiene un deterioro productivo interno que no figura en los comunicados de Palacio Nacional. Un inversor que hoy compre deuda soberana de México está apostando a que el gobierno puede sostener sus finanzas mientras Pemex se contrae. Esa apuesta requiere que algo más llene el hueco.

Mercado Libre invierte más en México que Pemex en sí mismo

Ese algo más, hoy, tiene nombre y no es mexicano.

Mercado Libre anunció esta semana una inversión de 4,600 millones de dólares en México para 2026. Es un incremento del 35 por ciento respecto a los 3,400 millones de dólares que invirtió en 2025. La empresa crea con ello 8,500 nuevos empleos directos y lleva su plantilla local a más de 42,000 colaboradores.

Para poner la cifra en contexto: 4,600 millones de dólares equivalen a aproximadamente 92,000 millones de pesos al tipo de cambio actual. Es más que la inversión productiva que Pemex realizó en los primeros cuatro meses del año. Una empresa de origen argentino-uruguayo cotizada en el Nasdaq está inyectando más capital en la economía real de México que la empresa estatal petrolera mexicana.

Mercado Libre no está actuando por razones sentimentales. El comercio electrónico en México creció a tasas de doble dígito en los últimos tres años. Mercado Pago tiene una oportunidad real en un país donde más de la mitad de la población adulta no accede plenamente a servicios bancarios tradicionales. Y la infraestructura logística en México sigue siendo un cuello de botella que quien lo resuelva primero captura el mercado. La empresa está apostando a que los fundamentos de largo plazo son sólidos aunque los indicadores de corto plazo no lo sean.

La posición de Mercado Libre en México revela algo sobre lo que el capital privado ve que los datos del IMSS no muestran: la economía informal y de plataformas digitales está absorbiendo actividad que no aparece en los registros del Seguro Social, pero que sí aparece en los volúmenes de transacción de Mercado Libre y Mercado Pago.

Julio como fecha de verificación: T-MEC y lo que los datos ya dicen

La inflación de México en mayo de 2026 se moderó a 3.94 por ciento anual, desde el 4.42 por ciento de un año antes. El INPC cayó 0.21 por ciento mensual. Banxico tiene espacio para recortes adicionales. Las tasas de Cetes y bonos gubernamentales prolongan su tendencia bajista en las subastas más recientes. Para los mercados de renta fija, ese es un entorno favorable.

Pero el 1 de julio de 2026 es la fecha que concentra la mayor incertidumbre. La cláusula de revisión del T-MEC vence ese día. México lleva dos de los tres votos necesarios para continuar el acuerdo. La administración Trump no ha dado respuesta formal. La reunión de Sheinbaum con los directivos de J.P. Morgan y BlackRock se lee, en parte, como una señal a Washington: si los mayores gestores de capital de Wall Street tienen compromisos en México, la presión política para disrumpir el T-MEC tiene un costo interno en Estados Unidos que no existiría de otro modo.

La pregunta que los datos de esta semana no responden es si ese cálculo alcanza. J.P. Morgan y BlackRock pueden señalizar confianza. Mercado Libre puede invertir 4,600 millones de dólares. Pero el T-MEC no reemplaza los 29,922 empleos que salieron del registro formal en mayo. No revierte la caída de 47.5 por ciento en la inversión de Pemex. Y no garantiza que la inflación de 3.94 por ciento en promedio deje de comprimir a los 15 millones de hogares que enfrentan presión directa en su canasta básica.

México tiene hoy dos lecturas simultáneas y contradictorias: el capital externo más grande del mundo firma compromisos de inversión en el país, y los indicadores internos de empleo, producción energética y capacidad fiscal apuntan hacia el deterioro. La síntesis entre esas dos lecturas no ocurrirá en una sala de Palacio Nacional. Ocurrirá en los datos que el IMSS, el INEGI, Pemex y Banxico publiquen en los próximos 60 días, con el reloj del T-MEC corriendo. Si el empleo formal de junio repite la tendencia de mayo mientras las negociaciones de julio entran en su fase final, el margen de maniobra del gobierno para sostener la narrativa de solidez económica ante los inversores que hoy están sentados en esas reuniones se vuelve considerablemente más estrecho.

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