Grupo Financiero Inbursa|Peso fuerte, PIB a la baja

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El peso que no debería estar fuerte

El tipo de cambio FIX de Banxico se ubica en 17.44 pesos por dólar, dentro de un rango que apenas se mueve entre 17.20 y 17.40 desde hace semanas. Para un grupo financiero como Inbursa, cuyo margen de tesorería depende del diferencial entre tasas mexicanas y estadounidenses, esa estabilidad cambiaria es la base directa de su rentabilidad.

El contraste es incómodo. La misma moneda que se apreció más de tres pesos frente al dólar desde 2024 convive con un Banco de México que acaba de recortar su previsión de crecimiento a 1.1 por ciento para este año. La fortaleza cambiaria no está reflejando la salud real de la economía que la sostiene.

La gobernadora Victoria Rodríguez atribuyó el ajuste a una contracción de 0.6 por ciento en el primer trimestre y a una inversión productiva que sigue rezagada. El consumo privado, el motor histórico de la actividad, también perdió tracción según el propio informe trimestral del banco central.

Para un tenedor de Inbursa la pregunta no es retórica. El margen de intermediación que hoy sostiene la utilidad de la casa financiera depende de que ese diferencial de tasas se mantenga, no de que el crecimiento mexicano mejore. Esa desconexión es exactamente lo que la siguiente capa explica.

El diferencial de tasas que sostiene la moneda

Banxico dejó sin cambios su tasa de política monetaria en 6.5 por ciento, un nivel que sigue siendo notablemente más alto que el de la Reserva Federal estadounidense. Ese colchón es, según analistas citados en la cobertura cambiaria, la razón principal por la que el peso resiste la presión de un entorno global incierto.

Jaime Álvarez, vicepresidente de inversiones de Skandia, describe el momento actual como una etapa de estabilización más que de apreciación continua. El peso ya recuperó la mayor parte del terreno perdido en los episodios de depreciación de 2024, y ahora opera en un rango relativamente angosto sostenido por ese diferencial de tasas.

El mismo Álvarez reconoce que persisten riesgos asociados a la política monetaria de Estados Unidos y a posibles episodios geopolíticos que podrían fortalecer temporalmente al dólar. Es decir, la estabilidad actual del peso depende de que ese diferencial de tasas no se cierre, no de un fundamento estructural distinto.

Para quien sostiene Inbursa, el verdadero indicador a vigilar deja de ser la cotización diaria del dólar y pasa a ser la trayectoria de la tasa de referencia mexicana frente a la estadounidense. Si ese diferencial se estrecha, el mismo mecanismo que hoy sostiene la moneda puede revertirse con la misma velocidad.

El T-MEC como bisagra

Tanto el informe de Banxico como el análisis de mercado cambiario coinciden en un mismo punto de bisagra: la revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. Una negociación favorable reduciría la incertidumbre que hoy frena la inversión productiva mexicana.

Si la revisión avanza sin fricciones, el escenario base de Banxico de una recuperación gradual hacia 2027 gana credibilidad y el diferencial de tasas que hoy sostiene al peso se mantiene vigente, favoreciendo el margen de Inbursa. Si en cambio la negociación se prolonga más allá de julio, como ya advirtieron las delegaciones negociadoras, la incertidumbre comercial vuelve a presionar la inversión y erosiona la base del actual peso fuerte.

Quien ya sostiene Inbursa debería seguir la trayectoria de la tasa de referencia mexicana frente a la de Estados Unidos, no la cotización diaria del dólar, como el verdadero indicador de si el margen de tesorería se mantiene. Quien observa desde fuera tiene en la resolución de la revisión del T-MEC el gatillo concreto que decide si el escenario de estabilización se confirma como una base sólida o se revela como una pausa temporal antes de una nueva presión sobre el peso.

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