Guerra en Irán golpea al peso|¿Hasta cuándo dura la presión?

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Ormuz y el peso

El peso mexicano cerró este lunes apenas 17 centavos por debajo del dólar, una caída modesta que oculta algo más inquietante. El estrecho de Ormuz sigue cerrado para el tráfico de petróleo, y los mercados ya no están descontando una reapertura pronta. El Brent superó los 104 dólares por barril después de que Donald Trump calificó como "totalmente inaceptable" la propuesta de paz de Irán, y Teherán respondió que no se trata de una rendición. Eso no es un callejón sin salida diplomático: es la señal que los mercados energéticos necesitaban para escalar posiciones largas en crudo. Saudi Aramco advirtió que el mundo ha perdido cerca de mil millones de barriles de petróleo desde que estalló el conflicto, y su director ejecutivo estimó que los mercados podrían tardar hasta 2027 en normalizarse. Para México, el problema no es que el barril esté caro en términos nominales. El problema es que el subsidio a la gasolina premium ya se está disparando, con Hacienda ampliando el estímulo fiscal por segunda semana consecutiva, lo que transfiere la presión del surtidor al presupuesto federal. El tipo de cambio refleja eso con un rezago: cada semana sin acuerdo en Ormuz es una semana más de gasto público absorbiendo el choque energético. Sin embargo, el peso no colapsó, y esa resistencia tiene una causa que el mercado está valuando de forma diferente al ruido geopolítico.

Banxico y el techo

Las exportaciones automotrices de abril crecieron 11.4% anual, 286 mil unidades enviadas al exterior, y eso sostuvo al peso en un día en que el crudo presionaba hacia arriba. Pero la resiliencia cambiaria no se puede leer como una señal de solidez macroeconómica, porque la otra noticia del día apunta en sentido contrario. Banxico recortó su tasa de referencia 25 puntos base a 6.50%, y el subgobernador Gabriel Cuadra anticipó que el crecimiento de 2026 podría quedarse por debajo del 1%. El PIB ya contrajo 0.8% en el primer trimestre, el peor arranque desde 2020. S&P Global es más directo: la inflación general cerrará el año en 5.5% y no volverá al objetivo de 3% antes de 2029. La inflación subyacente lleva doce meses consecutivos por encima de 4%. Aquí está la tensión que el mercado aún no ha resuelto. Banxico terminó su ciclo de recortes justo cuando la presión inflacionaria no cede, y lo hizo con una votación dividida: Jonathan Heath y Galia Borja votaron por mantener la tasa en 6.75%. Bajar más rápido habría reducido el diferencial frente a la Fed, que mantiene su tasa en 3.75% sin señales de movimiento, lo que habría debilitado el atractivo del peso para el capital de corto plazo. Pero quedarse quieto demasiado tiempo con un PIB en contracción y una inflación de servicios en 4.52% tampoco es una posición cómoda. El costo del crédito está cayendo, pero S&P estima que ese alivio tardará meses en llegar a los hogares. La canasta alimentaria de referencia para pobreza extrema subió 8.3% anual en abril, el jitomate acumula un alza de 121% anual, y el margen político para absorber más presión inflacionaria se estrecha. Lo que no está claro todavía es si el rally tecnológico en Wall Street puede compensar este cuadro interno, o si simplemente está postergando el momento en que los mercados recalibran el riesgo México.

Wall Street vs. realidad

El S&P 500 cerró en máximos históricos este lunes con una ganancia de 0.19%, impulsado por semiconductores: Qualcomm subió 8.42%, Micron 6.5%, Nvidia 1.97%, e Intel avanzó 3.62% tras reportes de un acuerdo preliminar con Apple para fabricar chips con inteligencia artificial. AMD viene de dispararse 18% en la semana anterior después de sus resultados. El entusiasmo por la IA está generando una clase de flujo de capital que ignora el riesgo geopolítico de corto plazo, y eso explica por qué el S&P 500 sube mientras el Brent está en 104 dólares. La BMV siguió ese impulso con un alza de 0.56%, con Megacable y Peñoles liderando, pero la correlación no es perfecta. México no tiene exposición directa al ciclo de semiconductores que está moviendo a Wall Street, y su perfil de riesgo interno — crecimiento debajo del 1%, inflación persistente, subsidios energéticos en expansión — no es el mismo que el de las empresas tecnológicas que empujan al índice estadounidense. El diferencial de tasas entre Banxico y la Fed, en este momento en 275 puntos base, sigue siendo suficiente para sostener flujos hacia activos mexicanos. Pero ese diferencial se reduce si Banxico no puede bajar más y la Fed tampoco sube. La verificación concreta: si el Brent se mantiene por encima de 100 dólares esta semana y el dato de inflación de EU supera expectativas el miércoles, el diferencial de tasas dejará de ser el argumento central para el peso, y la presión migratoria al alza del dólar podría acelerarse. El escenario contrario requiere señales de acuerdo en las negociaciones EU-Irán que Trump describió el domingo como en "cuidados intensivos".

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