Guerra en Irán paraliza a Banxico|¿hasta cuándo aguanta el peso?

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Banxico en pausa forzada

El Banco de México recortó su tasa a 6.5% el 7 de mayo y en el mismo comunicado cerró la puerta a nuevos recortes. No es una señal de confianza. Es una señal de atrapamiento.

La decisión fue apoyada por tres miembros de la Junta de Gobierno, pero Galia Borja y Jonathan Heath votaron en contra. Querían mantener la tasa en 6.75%. Su argumento: la inflación sigue por encima del 4%, el objetivo es 3%, y el conflicto en Medio Oriente sigue empujando el precio del petróleo al alza.

El Brent superó 101 dólares el barril esta semana. Eso no es un dato de contexto. Es el mecanismo que mantiene a Banxico paralizado.

Cuando el petróleo sube, los costos de transporte y energía se trasladan a precios al consumidor. La inflación no baja sola. Y si Banxico baja la tasa en ese entorno, la inflación puede acelerarse. Por eso el ciclo de recortes terminó aquí, con 14 bajas acumuladas desde mayo de 2024 y una reducción total de 475 puntos base desde el pico de 11%.

El consenso de analistas ya fijó el siguiente movimiento: hasta 2027. Franklin Templeton, Monex y Banamex coinciden en que la tasa se queda en 6.5% todo este año.

La pregunta que deja esta decisión es cuál escenario rompe ese consenso. Si el conflicto con Irán se resuelve y el petróleo cae por debajo de 90 dólares, la presión inflacionaria cede y Banxico recupera margen. Si Irán bloquea el estrecho de Ormuz de forma sostenida, el petróleo puede escalar más y la conversación ya no sería de pausa sino de alza.

Ese umbral de 90 dólares en el Brent es la variable que el mercado debe monitorear la próxima semana.

Wall Street y el peso bajo tensión cruzada

Mientras Banxico cerraba su ciclo, Wall Street cerraba en máximos históricos por sexta semana consecutiva. El S&P 500 subió 0.84% el viernes. El Nasdaq ganó 1.71%. Es la mejor racha semanal del índice desde 2024.

El detonador no fue una mejora en la geopolítica. Fue el mercado laboral. Las nóminas no agrícolas de Estados Unidos aumentaron en abril por segundo mes consecutivo, algo que no ocurría desde hace casi un año. Eso le dijo al mercado que la economía resiste, pese al petróleo caro y las tasas elevadas.

El impulso técnico lo dieron los semiconductores, que avanzaron 11% en la semana. Intel fue la protagonista, tras reportes de un acuerdo preliminar con Apple para fabricar chips. Broadcom también subió por rumores de financiamiento de Apollo y Blackstone por 35,000 millones de dólares.

El contraste que esto genera para México es directo. La BMV también subió el viernes, impulsada por el mismo dato laboral estadounidense. El peso cerró con una ganancia semanal de 26 centavos frente al dólar, ubicándose alrededor de 17.21 por unidad. El carry trade sigue funcionando: con Banxico en 6.5% y la Fed sin espacio para recortar, el diferencial de tasas sostiene la demanda de pesos.

Pero ese diferencial tiene un límite. Si la inflación en México no baja hacia 4% en el segundo trimestre, la presión para mantener tasas altas crece en ambos lados. Goldman Sachs ya señaló que los datos sólidos y la inflación persistente eliminaron prácticamente la posibilidad de flexibilización de la Fed en el corto plazo.

El riesgo es que el carry trade que hoy sostiene al peso depende de un diferencial que podría comprimirse si la Fed sube tasas antes de que Banxico pueda recortar. Eso no es el escenario base. Pero tampoco es imposible si el petróleo no cede.

T-MEC: la apuesta de México ante la incertidumbre

Al mismo tiempo que los mercados globales navegaban la tensión entre empleos fuertes y petróleo caro, México movía sus piezas en el tablero comercial. Marcelo Ebrard encabezó esta semana una misión a Canadá con 244 empresas mexicanas. No fue un viaje de protocolo.

La semana del 25 de mayo arrancan las conversaciones formales con Washington. El 1 de julio es la fecha límite para las propuestas concretas de la administración Trump sobre la revisión del T-MEC. Ebrard lo explicó sin rodeos: el objetivo es preservar el acceso sin aranceles que hoy cubre más del 80% del comercio entre los tres países.

La misión generó más de 2,000 reuniones B2B. La empresa farmacéutica canadiense SICC anunció una inversión de 2,000 millones de dólares en Hidalgo. El sector automotriz de los tres países envió una carta al representante comercial de EE.UU. pidiendo la extensión del tratado. Esos no son gestos simbólicos. Son señales de que las cadenas industriales norteamericanas ya están demasiado integradas para deshacerse sin costo.

El argumento central de Ebrard es que México y Canadá están en mejor posición que cualquier otro exportador frente a los aranceles de Washington, incluso con la Sección 232 aplicada al acero, aluminio y sector automotriz. La alternativa implícita para EE.UU. sería depender más de Asia en sectores críticos como farmacéuticos, electrónicos y semiconductores. Eso es exactamente lo que Trump dice querer evitar.

La variable que determina si esta apuesta funciona no es diplomática. Es económica. Si Trump percibe que romper el T-MEC encarece más la manufactura estadounidense que mantenerlo, México gana margen. Si el proteccionismo interno pesa más que la lógica de cadenas de suministro, el resultado es incierto.

La semana del 25 de mayo es el primer verificador. La naturaleza de las propuestas de Washington en esa ronda revelará si la negociación avanza sobre bases técnicas o sobre presión política.

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