Iberdrola ante el Congreso|mientras expande red renovable

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El apagón y la paradoja Iberdrola

La misma semana en que el Congreso cita a Iberdrola para explicar el mayor apagón eléctrico de la historia reciente de España, la compañía anuncia una nueva adquisición solar en Italia y celebra cinco años de su hub de redes inteligentes en Bilbao. Esa colisión de calendarios no es casual. Es el núcleo de la tensión que define a Iberdrola en este momento.

La lectura superficial es sencilla: una empresa que falla en casa mientras crece en el exterior. Pero esa lectura ignora algo estructural. Iberdrola no opera las redes de transporte que colapsaron durante el apagón. La red de alta tensión es competencia de REE, Red Eléctrica de España. Lo que Iberdrola gestiona son redes de distribución. Y precisamente ahí es donde la compañía ha invertido 210 millones de euros en cinco años a través de su hub de Bilbao.

El matiz importa porque cambia la pregunta que el Congreso debería estar haciendo. La comparecencia parlamentaria apunta a los grandes operadores del sector, pero la distinción entre transporte y distribución es la línea que separa la responsabilidad técnica de la responsabilidad política.

La red como argumento de defensa

Iberdrola lleva meses construyendo, de forma silenciosa, un argumento que ahora resulta ser también su escudo regulatorio. El hub de Bilbao agrupa más de 120 empresas tecnológicas y ha desarrollado un sistema capaz de aumentar en hasta un 20% la capacidad de las redes eléctricas existentes sin necesidad de nuevas infraestructuras físicas. Además, el laboratorio de redes ha diseñado tecnología que, según la compañía, podría generar 500 millones de euros de ahorro acumulado en la factura eléctrica.

Esas cifras no son marketing. Son el argumento central que Iberdrola llevará al Congreso: la solución al apagón no pasa por señalar a quién ya invierte, sino por acelerar la inversión donde todavía no llega.

La posición de la compañía en la comparecencia parlamentaria se anticipa como defensiva en la forma pero ofensiva en el fondo. Iberdrola sabe que el contexto político es adverso, pero también sabe que ningún legislador puede rebatir fácilmente 210 millones invertidos y una tecnología de red que el propio sector reconoce como referencia europea.

Inditex: la presión que no viene del mercado

Mientras Iberdrola gestiona su crisis de imagen institucional, Inditex enfrenta una presión de naturaleza distinta. La patronal textil, que agrupa a Inditex junto a Primark y H&M, ha garantizado que el nuevo convenio colectivo mejorará salarios, contratos y jornada. Pero los sindicatos CIG y UGT ya han convocado huelgas, y la confianza en cerrar el acuerdo depende, según la propia patronal, de que se mantenga la voluntad negociadora.

El riesgo laboral en Inditex rara vez mueve el precio de la acción de forma directa. Lo que sí lo mueve es la señal que envía sobre los márgenes operativos a medio plazo. Un convenio que eleve significativamente los costes laborales en España tendría impacto limitado dado el peso relativo de la plantilla española frente a la estructura global del grupo. Pero el efecto reputacional en un año en que Marta Ortega está reposicionando Zara hacia un segmento de mayor valor percibido es más relevante de lo que parece.

La incorporación de una modelo influencer a la imagen de Zara no es un movimiento de comunicación menor. Es parte de una estrategia deliberada para elevar el posicionamiento de la marca en mercados donde el fast fashion enfrenta saturación y presión regulatoria creciente. Si ese reposicionamiento coincide con tensión laboral doméstica, la narrativa externa se complica.

El punto de convergencia y los escenarios

Hay un elemento que conecta a Iberdrola e Inditex más allá de su presencia en el Ibex 35. Ambas compañías están gestionando simultáneamente una presión institucional interna y una expansión exterior. Y en ambos casos, el resultado depende menos de sus fundamentos operativos que de variables externas: el ritmo de la regulación energética en el caso de Iberdrola, y la evolución del consumo en mercados clave en el caso de Inditex.

Para Iberdrola, el escenario de riesgo no es la comparecencia parlamentaria en sí. Es que el debate político derive en un marco regulatorio que penalice la inversión privada en redes o que introduzca incertidumbre en los retornos regulados. Si eso ocurre, la expansión internacional, que ya alcanza los 400 MW instalados solo en Italia, pierde relevancia doméstica como argumento de valoración. El escenario de recuperación, en cambio, pasa por que la comparecencia refuerce la narrativa de que la solución al apagón requiere más inversión privada, no menos. En ese caso, Iberdrola sale del Congreso con un mandato implícito de continuar.

Para Inditex, el riesgo está en que el reposicionamiento de Zara no se materialice con suficiente velocidad para compensar la presión de márgenes. El dato que respalda el optimismo es que España lidera el crecimiento del comercio en Europa, según los datos que sitúan a Inditex y Mercadona como motores de ese dinamismo. Si el consumo interno se mantiene y el convenio se cierra sin disrupciones prolongadas, la presión laboral queda absorbida. Si la negociación se enquista, el coste no es solo económico, es de calendario: cada mes de huelgas es un mes en que la narrativa de transformación de Zara compite con titulares de conflicto sindical.

El factor que conecta ambos escenarios es el entorno macropolítico español. La reunión del presidente Sánchez con empresarios chinos del sector de renovables y baterías indica que la agenda de inversión exterior en energía sigue activa. Eso es un viento de cola para Iberdrola si el marco regulatorio se estabiliza. Para Inditex, el acuerdo comercial con China en el ámbito agroalimentario no tiene impacto directo, pero sí señala un clima de apertura que favorece a empresas con exposición global. La evidencia apunta hacia una estabilización en ambos casos, pero solo si los procesos institucionales, el parlamentario y el laboral, se resuelven sin escalada.

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