Irán Congela Ormuz|Peso y BMV bajo presión

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Guerra en Ormuz

México exportó en marzo más de 70 mil millones de dólares — un récord histórico — y al mismo tiempo la Bolsa Mexicana de Valores cayó 1.7% ese mismo lunes. Eso no es una contradicción accidental. Es la huella de un conflicto que opera en dos velocidades distintas.

El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de 20% del petróleo mundial, lleva semanas con tráfico casi paralizado. Estados Unidos bloqueó buques con origen o destino iraní. Irán respondió cerrando el paso a otros. Trump canceló la segunda ronda de negociaciones en Pakistán tras recibir una propuesta iraní que calificó como insuficiente. "Ofrecieron mucho, pero no lo suficiente", dijo antes de abordar el Air Force One. El bloqueo sigue vigente.

El Brent subió 2.8% ese día y superó los 108 dólares por barril. El WTI alcanzó 96 dólares. México exporta crudo, pero también importa gasolinas refinadas y gas natural. El déficit de la balanza petrolera en el primer trimestre fue de 6 mil 610 millones de dólares, el mayor desde 2023. El superávit récord de marzo se construyó sobre electrónicos, minería y manufacturados — no sobre petróleo. Y ahí está la paradoja: el motor exportador funciona, pero el shock energético lo erosiona por debajo.

El peso cerró prácticamente sin cambio frente al dólar, en 17.38 unidades. Los analistas de EBC Financial Group señalaron que el tipo de cambio navega entre dos fuerzas opuestas — el superávit comercial que fortalece al peso, y la incertidumbre geopolítica que lo frena. Si las negociaciones con Irán se reactivan y Ormuz se reabre, el precio del petróleo podría retroceder, la presión inflacionaria cedería y Banxico tendría margen para recortar tasas. Si el bloqueo se extiende otro mes, el petróleo podría superar 120 dólares, las aerolíneas ya están ajustando rutas, y la inflación importada complicaría la posición del banco central.

T-MEC sin cero aranceles

Mientras los mercados procesaban el ruido de Ormuz, algo más silencioso ocurrió en Ciudad de México: el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, sostuvo reuniones con la presidenta Sheinbaum, con la industria automotriz y con el Consejo Coordinador Empresarial. Al término, el secretario de Economía Marcelo Ebrard fue directo: "Es muy difícil pensar que van a desaparecer los aranceles."

No es una rendición. Es una reorientación. México abandonó formalmente el objetivo de aranceles cero y ahora busca reducirlos — y lo que ya logró en el sector automotriz bajo el T-MEC es, según Ebrard, un ejemplo del camino posible. Estados Unidos, por su parte, condicionó la reducción de aranceles al acero y aluminio del 50% al 25% a que las empresas mexicanas inviertan en territorio estadounidense, con compromisos concretos de producción, plazos y capacidad instalada.

Analistas lo describen como un "nearshoring inverso": en lugar de atraer inversión hacia México, Washington usa los aranceles como palanca para redirigir capital mexicano hacia su propia economía. Gerardo Tajonar, del gobierno de la Ciudad de México, fue más duro: "No es una conveniencia operativa, es un mecanismo de coerción arancelaria." El diferencial del 50% al 25% tampoco convence a todos. Adrián González, de Global Alliance Solutions, señaló que el ahorro arancelario difícilmente compensa los mayores costos de mano de obra y energía en suelo americano.

La revisión formal del T-MEC comenzó esta semana. Canadá aún no participa en las conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos. La pregunta que estructurará las próximas semanas no es si habrá aranceles — habrá — sino en qué sectores, con qué condiciones y a qué costo para la cadena de valor norteamericana. Si México logra extender el tratamiento preferencial automotriz a acero y aluminio, amortigua el impacto. Si Washington mantiene las condiciones de inversión como requisito, el capital industrial mexicano enfrentará una decisión estructural difícil.

Gigante eléctrico privado

Hay una tercera historia que no tiene el ruido de Ormuz ni la carga política del T-MEC, pero que rediseña silenciosamente el mapa energético de México. Grupo México, el conglomerado minero de Germán Larrea, anunció la fusión de sus activos de generación eléctrica con Saavi Energía, empresa que pertenece al portafolio de Global Infrastructure Partners, la plataforma de infraestructura de BlackRock.

El resultado es una entidad con 14 centrales eléctricas, capacidad instalada de 4 mil 510 megavatios y una cartera de proyectos en desarrollo de otros 5 mil megavatios. Grupo México tendrá 70% de la participación y BlackRock, a través de su subsidiaria, el 30% restante. La operación se espera cerrar en el tercer trimestre de 2026, sujeta a autorizaciones regulatorias.

El contexto no es menor. La presidenta Sheinbaum publicó en abril los nuevos lineamientos para permisos privados de generación energética, dentro de su reforma energética. El modelo oficial reserva 54% de la generación al Estado, vía CFE, y el 46% al sector privado. Saavi ya opera con 3 mil 700 megavatios en plantas de ciclo combinado, gasoductos y energía solar, posicionada en los principales corredores industriales del país. La demanda energética de las grandes industrias — minería, automotriz, manufactura — consume más de la mitad de la producción nacional.

La señal de largo plazo es la que importa. BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, apuesta capital de infraestructura global en la generación privada de México justo cuando el gobierno define las reglas del mercado. Eso no es coincidencia: es una lectura de que las reglas serán estables y que la demanda crecerá. Si la reforma energética genera certidumbre regulatoria, la nueva plataforma Saavi puede convertirse en el proveedor preferido de energía industrial privada en México. Si los permisos se complican o la política energética cambia, la inversión de BlackRock y Larrea enfrentará el mismo riesgo regulatorio que frenó proyectos previos. El dato clave a seguir esta semana: el cierre de la reunión de la Reserva Federal el miércoles — si la Fed señala tasas más altas por más tiempo, el costo de capital para proyectos de infraestructura como este aumenta en toda la región.

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