México Baa3 PIB 1.1%|precio de mercado sin ajuste?

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Tres señales, una semana: la convergencia que el mercado prefirió ignorar

Moody's rebajó México de Baa2 a Baa3 el 25 de mayo de 2026. S&P ya había cambiado la perspectiva soberana a negativa semanas antes. El mismo miércoles 28 de mayo, Banxico recortó su estimación del PIB de 1.6% a 1.1%. Tres señales de advertencia en siete días. El IPC de la BMV cerró mayo con una ganancia de 1.08%. Esa disonancia es el punto de partida de este análisis.

Cada uno de estos eventos, tomado por separado, podría interpretarse como manejable. Baa3 todavía es grado de inversión, el nivel más bajo, pero dentro del rango. S&P mantuvo la calificación, solo cambió la perspectiva. Y el 1.1% de PIB, aunque débil, sigue siendo crecimiento positivo.

El problema no es ninguno de los tres de forma aislada. El problema es que los tres apuntan en la misma dirección al mismo tiempo. Y que la respuesta del gobierno fue descartarlos como errores de las calificadoras.

La presidenta Sheinbaum dijo estar de acuerdo con Carlos Slim en que la rebaja de Moody's fue "irracional". Slim señaló que "son dos o tres personas las que deciden" y que no le preocupa la decisión, "aunque tiene efectos". El secretario de Hacienda mantiene una estimación de crecimiento de entre 1.8% y 2.8%. Banxico estimó 1.1%. La diferencia entre las dos proyecciones oficiales es de entre 0.7 y 1.7 puntos porcentuales.

Esa divergencia entre el banco central y la Secretaría de Hacienda no es un dato menor. Banxico tiene autonomía, credibilidad técnica y acceso a los datos en tiempo real. Hacienda tiene la función política de comunicar estabilidad. Cuando ambas proyecciones divergen en casi un punto y medio, el mercado debe elegir a cuál le cree.

Moody's argumentó su decisión con datos específicos. La deuda bruta del gobierno subió de 39.8% del PIB en 2023 a 46% en 2024 y a 49.3% en 2025. Los déficits fiscales se mantuvieron cerca del 5% del PIB en 2025, contra una meta del 4%. Y el apoyo financiero continuo a Pemex —35,000 millones de dólares en 2025— no tiene fecha de término visible.

La convergencia de Moody's, S&P y Banxico en la misma semana no es coincidencia editorial. Es la acumulación de señales que los modelos de riesgo llevan meses procesando. Lo que acaba de cambiar es que ahora están formalizadas y datadas.

La premisa no declarada: ¿ya descontó el mercado el Baa3 o todavía lleva precio de Baa2?

Aquí está el punto que la mayoría de los análisis no aborda de frente.

BBVA México, al presentar su reporte de banca para el segundo trimestre de 2026, reconoció que México ya está "a un peldaño" de perder el grado de inversión con dos calificadoras. Pero inmediatamente añadió que ese escenario "podría llevar tres o cuatro años". Y que los ajustes de Moody's y S&P "ya estaban anticipados por el mercado", por lo que "no vimos efectos importantes en las tasas de interés a lo largo de la curva".

Esa declaración de BBVA es el núcleo del análisis. Porque contiene dos premisas que no se pueden sostener simultáneamente con certeza.

Primera premisa: el mercado ya descontó el Baa3. Si eso es cierto, entonces las tasas actuales reflejan el nuevo nivel soberano. El costo de financiamiento de las empresas mexicanas ya incorpora el riesgo adicional. Y los spreads de crédito corporativo ya abrieron lo necesario.

Segunda premisa: el mercado todavía no necesita ajustar porque hay tres o cuatro años de margen. Si eso es cierto, entonces los activos mexicanos todavía cargan el precio de un Baa2. Y cuando llegue el siguiente escalón de deterioro —o un cambio de perspectiva de Moody's a negativa—, el ajuste será brusco, no gradual.

Estas dos premisas describen mundos de riesgo completamente distintos para un portafolio. La primera implica que ya se pagó el costo de la rebaja. La segunda implica que el costo todavía está pendiente de pago.

La evidencia en los artículos inclina la lectura hacia la segunda premisa. El subgobernador de Banxico, Jonathan Heath, señaló que la Inversión Fija Bruta continuará en tendencia débil. Entre enero y febrero de 2026, la inversión cayó 3% anual. El crédito empresarial crecerá apenas 0.4% real en 2026, según estimaciones de BBVA. La tasa de informalidad laboral pasó de 52% a 55%. El número de empresas formales cayó 10% desde enero de 2023, mientras que las informales subieron 10%.

Estos no son indicadores de una economía que ya absorbió un rebaje soberano y avanza. Son indicadores de una economía que todavía está ajustando el impacto de una contracción de inversión.

Hay un segundo elemento que profundiza la asimetría. La gobernadora Victoria Rodríguez Ceja dijo que la tasa de referencia permanecerá en 6.5% "por cierto tiempo". A pesar de los recortes de Banxico de los últimos dos años —de 11.25% a 6.5%—, el Costo Anual Total hipotecario repuntó a 13.96% en abril. Un analista citado en El Universal describió esto como "la señal de un mercado en el que el oferente fija precio": la banca concentrada no traslada los recortes al consumidor.

Si el sistema financiero no está transmitiendo los recortes de tasa a la economía real, entonces el canal de política monetaria está parcialmente obstruido. Y si está obstruido, el ajuste soberano tampoco se está transmitiendo limpiamente a los precios de activos.

Ese es el argumento de fondo: el mercado mexicano puede estar cargando el precio viejo de un soberano Baa2 en un entorno que ya opera como Baa3. La tasa de descuento no se actualizó, pero las condiciones que justificaban la tasa vieja ya no están.

El nudo estructural: Pemex, gasto rígido y la trayectoria que no cierra sin cambio de política

Moody's identificó tres factores para justificar la rebaja. Gasto rígido, base de ingresos limitada, y apoyo financiero continuo a Pemex. Los tres están conectados, y el punto de conexión es Pemex.

El gobierno aportó más de 40,000 millones de dólares a Pemex en intervenciones financieras durante 2025. Para 2026, ha presupuestado alrededor de 14,000 millones de dólares para cubrir vencimientos de corto plazo. Moody's proyecta que ese apoyo continuará durante todo el sexenio de Sheinbaum, que se extiende hasta 2030.

La pregunta no es si Pemex necesita ese apoyo. Es evidente que sí. La pregunta es qué implica para el perfil fiscal soberano que ese apoyo sea estructuralmente permanente.

El Plan Estratégico 2025-2035 de Pemex proyectaba que a partir de 2027 la empresa podría amortizar sus vencimientos con recursos propios. Moody's rechazó esa proyección de manera explícita. Argumentó que la producción upstream de Pemex tiene una alta tasa de declinación de reservas maduras. Y que la subinversión persistente significa que Pemex debe reinvertir sólo para sostener los niveles actuales de producción, no para crecer.

Carlos Slim reconoció en su conferencia anual que la producción de Pemex está cerca de 1.5 millones de barriles diarios. En décadas anteriores superó los 3 millones. Slim estimó que con inversión acelerada en campos como Ixachi, donde Grupo Carso tiene acuerdos para 16 a 32 perforaciones, se podrían agregar hasta 200,000 barriles diarios en dos años. Incluso si esa estimación se cumple, sería una fracción del déficit histórico.

El componente más crítico del análisis de Moody's no fue la deuda ni el déficit. Fue la seguridad industrial de Pemex. La calificadora advirtió que la reducción del gasto de capital eleva los riesgos sobre la confiabilidad y eficiencia de las operaciones de refinación y procesamiento, con mayor incidencia de explosiones. Un riesgo operativo de esa naturaleza no es solo un factor de seguridad. Es un pasivo contingente sobre el balance soberano.

La trayectoria que Moody's proyecta lleva la deuda pública a 55% del PIB en 2028. Desde 39.8% en 2023 a 55% en 2028: cinco años, 15 puntos porcentuales. Para que esa trayectoria se detenga antes, se requiere una de estas dos condiciones: aumento significativo de ingresos fiscales, o reducción del apoyo a Pemex. Ninguna de las dos está en el presupuesto actual.

BBVA señaló que hay tiempo para actuar: "tres o cuatro años" antes de que la pérdida del grado de inversión sea inminente. Eso es un horizonte real de reconsideración para inversores con posiciones en activos mexicanos de mediano plazo. El punto de verificación no es el día que S&P baje la calificación. El punto de verificación es el siguiente informe trimestral de Banxico: si el PIB del segundo trimestre no muestra la recuperación que proyectó la gobernadora Rodríguez Ceja, el intervalo de 0.5% quedaría como escenario central, y la brecha con la proyección de Hacienda de 2.3% se volvería insostenible de comunicar.

Esa es la variable observable: el PIB del segundo trimestre de 2026 y la postura de Hacienda frente a los datos de Banxico. No porque uno o dos trimestres determinen el grado de inversión, sino porque la divergencia entre ambas proyecciones oficiales es el indicador más directo de si hay voluntad de ajuste o no.

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