Pemex 1.63 mbd en 46 años|mientras anuncia biocombustibles y busca a Petrobras
El gigante que se hunde y aún quiere liderar la energía limpia
Pemex registró en 2025 una producción de 1.63 millones de barriles diarios. Es el nivel más bajo en 46 años. Y el mismo día en que ese dato circulaba entre analistas, la empresa participó en un foro del Senado para presentar su estrategia de biocombustibles y transición energética.
Esa es la imagen del mercado energético mexicano este 30 de abril.
Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que todas las obras públicas federales deberán utilizar acero de producción nacional, en respuesta directa a los aranceles del 50% que Washington mantiene sobre el acero y el aluminio mexicanos. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá entra en revisión formal el 1 de julio, y la administración mexicana busca posicionarse con hechos concretos antes de esa fecha. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ya advirtió durante su visita a México que los aranceles al acero no desaparecerán con la revisión del TMEC. Eso significa que la directiva de Sheinbaum no es una medida temporal: es el comienzo de una reorientación del gasto público.
Por otro lado, Citi concretó la venta del 22.6% de Banamex a un grupo de inversionistas que incluye General Atlantic, fondos de Blackstone, Afore SURA, Banco BTG Pactual, Chubb y el fondo soberano de Qatar. Con la adquisición previa del 25% por parte de Fernando Chico Pardo, casi la mitad de las acciones de Banamex ya está en manos nuevas. La OPI del banco mexicano se perfila para después de 2027, y Citi no prevé ventas adicionales este año.
En ese contexto, la desinversión de Citi en Banamex cierra una etapa en el sistema financiero mexicano. Qatar Investment Authority, General Atlantic y Blackstone apostando por un banco mexicano al mismo tiempo que la segunda economía de América Latina navega entre aranceles, presión fiscal y volatilidad cambiaria es, en sí mismo, una señal que merece atención.
Y en medio de todo eso, Pemex fue al Senado a hablar de bioetanol.
Un mínimo histórico de producción y una apuesta verde simultánea
La producción de hidrocarburos de Pemex al cierre de 2025 se ubicó en 1.63 millones de barriles diarios. Para dimensionarlo: en los años ochenta, durante el auge petrolero que financió la modernización del país, la empresa extraía más del doble. El nivel actual es el más bajo desde 1979.
A eso se suma una deuda financiera que supera los 100,000 millones de dólares, pagos atrasados a proveedores que en varios casos derivaron en la suspensión de plataformas petroleras, y un derrame en el Golfo de México originado en febrero de 2026 —desde un oleoducto cercano a Cantarell— que generó una mancha de crudo de más de 300 kilómetros cuadrados. Pemex confirmó el incidente con retraso y reconoció omisiones en la información inicial.
Entonces, ¿desde qué posición habla Pemex de transición energética?
La respuesta oficial es que la infraestructura logística de la empresa puede facilitar la incorporación de biocombustibles al mercado nacional. El argumento no carece de lógica: la red de ductos, terminales y estaciones existe. El problema es que esa misma infraestructura lleva años sin el mantenimiento suficiente, y su operación cotidiana enfrenta limitaciones de flujo de efectivo.
La presidenta Sheinbaum añadió otro elemento: Pemex y Petrobras mantienen conversaciones para compartir tecnología en exploración y extracción. Petrobras es el referente obligado en esta comparación. La empresa brasileña atravesó su propia crisis en la primera mitad de la década de 2010, con escándalos de corrupción y deuda elevada, pero logró revertir la caída de producción y hoy opera con márgenes positivos. La diferencia está en las decisiones de inversión y en el modelo de gobierno corporativo que Brasil aplicó a partir de 2016.
Deben esperarse resultados similares de una conversación tecnológica cuando las condiciones estructurales son distintas. Un equipo técnico de Petrobras tiene prevista una visita a México, según Sheinbaum. Esa visita no tiene fecha precisa ni compromisos formales de explotación conjunta.
El contraste es el siguiente: Petrobras llegó a sus acuerdos de colaboración cuando ya había estabilizado sus finanzas. Pemex llega a esta conversación con deuda récord y producción mínima histórica.
Lo que tiene que ocurrir para que la apuesta energética de Pemex sea algo más que una narrativa
Hay una condición que distingue un plan de energía limpia de un anuncio sin sustento: la inversión. En el caso de Pemex, las cifras disponibles muestran que la empresa depende de transferencias del gobierno federal para sostener su operación básica. El desarrollo de biocombustibles a escala requeriría capital adicional que hoy no está en el presupuesto visible.
Si el gobierno federal incrementa de forma sostenida las transferencias de capital a Pemex —y si parte de ese capital se orienta específicamente a infraestructura de biocombustibles e hidrógeno— la conversación con Petrobras podría traducirse en proyectos concretos. El Plan México incluye el polo de desarrollo en Sinaloa con la planta de metanol de Pacífico Mexinol, una inversión de 3,300 millones de dólares que aún enfrenta oposición legal y ambiental. Esa planta produciría metanol azul y verde, no directamente biocombustible para transporte, pero representa la escala de inversión que se requeriría para que México tenga presencia real en el sector.
Si, en cambio, la restricción fiscal se mantiene y los precios del petróleo continúan bajo presión —la mezcla mexicana cerró esta semana por debajo de los 60 dólares por barril—, Pemex no tendrá margen para financiar proyectos de transición. La deuda seguirá consumiendo liquidez y la producción de hidrocarburos continuará cayendo.
El indicador a seguir es concreto: el nivel de producción de barriles diarios en el tercer trimestre de 2026. Si Pemex no revierte la tendencia y supera 1.7 millones de barriles diarios para entonces, la narrativa de transición energética no tendrá base financiera sobre la cual construirse. Si lo supera, significaría que la alianza tecnológica con Petrobras u otras medidas están produciendo resultados antes de lo previsto.
La pregunta que queda abierta no es si México quiere una transición energética. Es si Pemex puede llevarla adelante mientras todavía intenta detener su propia caída.