Petróleo a 126 y el Peso en caída|Tres bombas bajo la economía mexicana
Guerra en Ormuz
El barril de Brent cruzó los 118 dólares este lunes por primera vez desde 2022, y en algunas cotizaciones tocó los 126 dólares. No ocurrió por un recorte de producción ni por un dato de demanda. Ocurrió porque Irán disparó misiles de advertencia contra buques estadounidenses en el Estrecho de Ormuz, el canal por donde transita el 20 por ciento del petróleo mundial. Washington negó que algún barco fuera alcanzado, pero los mercados no esperaron confirmación.
La cadena causal fue inmediata. El petróleo sube, el riesgo de inflación global repunta, los bonos del Tesoro se tensan, y el apetito por activos emergentes se contrae. La BMV cerró con una caída de 0.85 por ciento, Wall Street cedió desde sus máximos de la semana, y el peso mexicano retrocedió frente al dólar por tercera sesión consecutiva. El Ibex 35 de España sufrió su mayor caída diaria desde marzo, con un descenso de 2.39 por ciento liderado por la banca.
El elemento que complica el escenario no es el nivel actual del petróleo, sino la asimetría de la oferta. Estados Unidos ha exportado más de 250 millones de barriles en nueve semanas para compensar el bloqueo parcial del Estrecho. Pero los inventarios internos caen por cuarta semana consecutiva y están por debajo del promedio histórico. Los productores estadounidenses no tienen capacidad inmediata para aumentar la oferta. Si las hostilidades se prolongan más de 30 días, el balance global de crudo se ajustará con fuerza. Trump declaró en una carta al Congreso que las hostilidades han terminado, pero Irán respondió que la presión no cesa y que Trump debe elegir entre una operación militar imposible o un acuerdo desventajoso. Esa tensión no está resuelta.
El umbral a vigilar es el nivel de 120 dólares sostenido por más de dos semanas. Por debajo de ese nivel, el impacto inflacionario sobre México es manejable. Por encima, la presión sobre el peso se acumula y la Secretaría de Hacienda tendría que revisar su subsidio al diésel, que ya fue duplicado esta semana como medida preventiva.
PIB en reversa
Ese mismo petróleo caro llega a una economía mexicana que ya estaba bajo presión antes del conflicto. En el primer trimestre de 2026, el PIB de México cayó 0.8 por ciento frente al trimestre anterior. En términos anuales, el crecimiento fue apenas de 0.2 por ciento, el peor inicio de año desde 2020. Las tres grandes actividades económicas registraron caída simultánea. Mientras tanto, Estados Unidos creció 2 por ciento anualizado en el mismo periodo, impulsado por la inversión en inteligencia artificial e infraestructura de centros de datos.
La brecha tiene una explicación causal concreta. México no tiene un motor de crecimiento equivalente. La inversión privada está detenida por dos frentes simultáneos: la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC, que arranca formalmente en 2026 bajo el artículo 34.7 del tratado, y la inseguridad interna que frena la instalación de nuevos proyectos. Los analistas del sector privado consultados por Banxico redujeron su pronóstico de crecimiento a 1.35 por ciento para este año, menos de la mitad del 3 por ciento que proyecta la Secretaría de Hacienda. El 70 por ciento de esos economistas afirma que la economía está peor que hace un año.
La respuesta del gobierno fue el Plan México, lanzado este lunes por la presidenta Claudia Sheinbaum. El paquete incluye autorización de proyectos de inversión en un máximo de 30 días, una ventanilla única de comercio exterior que unifica 132 trámites, certeza fiscal mediante limitación de revisiones del SAT y prohibición de criterios retroactivos, y una inversión en infraestructura carretera de 523 mil millones de pesos en 44 proyectos. Cofepris redujo sus trámites de 340 a 125. El secretario Marcelo Ebrard llamó a los empresarios a invertir de inmediato. El Consejo Coordinador Empresarial respaldó las medidas en el mismo foro.
El interrogante es si estas acciones llegarán a tiempo. La revisión del T-MEC se centrará en capítulos de reglas de origen automotrices, mecanismos laborales de respuesta rápida y propiedad intelectual, todos frentes donde la posición negociadora de México está bajo presión. Si la inversión privada no responde antes del tercer trimestre, el crecimiento anual de 1.35 por ciento ya sería difícil de alcanzar. El indicador a seguir es el registro de nuevos proyectos en la Oficina Presidencial de Inversiones durante las próximas seis semanas.
Sinaloa y el T-MEC
Mientras el gobierno lanzaba su plan de inversión, S&P Global Ratings colocó la calificación crediticia del Estado de Sinaloa en revisión especial negativa. La razón directa: la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó al gobernador Rubén Rocha Moya y a nueve funcionarios de narcotráfico y conspiración para importar estupefacientes a cambio de apoyo político del Cártel de Sinaloa. Es la primera acusación federal estadounidense contra un gobernador mexicano en funciones.
La conexión con los mercados no es abstracta. Sinaloa tiene una deuda total de 7 mil 182 millones de pesos, de los cuales 2 mil 695 millones son de corto plazo con Banorte y BBVA México. S&P señala que la liquidez del estado ya era inferior a lo adecuado antes de la acusación, y que el acceso a refinanciamiento con la banca comercial podría complicarse en los próximos 90 días. Una baja de calificación elevaría el costo de ese refinanciamiento en un momento en que el estado tiene vencimientos inmediatos.
El impacto más relevante no es el de Sinaloa en aislamiento. Es la señal que emite sobre la revisión del T-MEC. La acusación llega en medio de la presión de la administración Trump sobre México para actuar contra los cárteles. Rocha Moya pidió licencia temporal como gobernador para no perjudicar al movimiento político al que pertenece. Analistas señalan que el destino de la revisión del T-MEC y la posición política de Morena dependen de cómo maneje Sheinbaum este caso. La Cancillería mexicana rechazó la solicitud de extradición por falta de pruebas suficientes, lo que abre una tensión diplomática directa con Washington en el peor momento posible para las negociaciones comerciales.
El peso de la evidencia apunta a que la presión sobre México se acumula desde tres frentes simultáneos: el petróleo caro por la guerra, el crecimiento débil por la incertidumbre estructural, y el riesgo político de la acusación en Nueva York que complica la negociación del T-MEC. Este escenario se sostiene si las hostilidades en Ormuz continúan más allá de dos semanas y si Sheinbaum no logra encauzar el caso Rocha hacia una resolución institucional antes de que arranquen formalmente las mesas del T-MEC. Si el conflicto en Medio Oriente se detiene y el caso Sinaloa se resuelve sin escalada diplomática, el Plan México tiene condiciones para traccionar la inversión privada en el segundo semestre. El indicador clave para el miércoles es el tipo de cambio peso-dólar: si cierra por encima de 17.50 por dos sesiones consecutivas, la presión sobre las finanzas públicas se vuelve visible en los números, no solo en los titulares.