Petróleo cae 3% en guerra|Bolsas en máximos históricos
Ormuz y los mercados
El martes, el precio del petróleo cayó más de tres por ciento mientras el mundo seguía mirando el Estrecho de Ormuz con los nervios de punta. Eso no debería ocurrir. Cuando hay enfrentamientos navales, misiles iraníes y buques petroleros varados, el crudo sube. Pero ocurrió lo contrario — y la razón está en una decisión de Trump que cambió el cálculo de riesgo en pocas horas.
El presidente estadounidense anunció el "Proyecto Libertad", una operación militar para escoltar buques mercantes atrapados en el Golfo Pérsico a través del Estrecho de Ormuz. Dos embarcaciones cruzaron con asistencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos. El Brent cayó 3.57% hasta los 110 dólares por barril, borrando gran parte del alza del lunes. El mercado interpretó la señal: el bloqueo no es total y el suministro puede moverse, aunque sea parcialmente.
El mecanismo que siguió fue directo. Una prima de riesgo geopolítico más baja redujo la presión inflacionaria esperada. Eso alivió el temor a que la Reserva Federal retome las alzas de tasas. Los inversionistas rotaron hacia acciones: el S&P 500 cerró en máximos históricos con una ganancia de 0.81%, el Nasdaq avanzó 1.03%, y la Bolsa Mexicana de Valores repuntó 1.94%, su mejor jornada desde el 8 de abril. Cemex lideró con un alza de 7.75%, impulsada por expectativas de reactivación de la construcción vinculada a proyectos de infraestructura del Plan Sheinbaum.
La excepción fue el bono del Tesoro a 30 años, cuyo rendimiento superó el 5% — señal de que el mercado de deuda no descarta del todo un rebrote inflacionario. Más de 1,500 buques siguen varados en el Golfo. El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán lleva menos de un mes y ya acumula incidentes: misiles iraníes cayeron cerca de instalaciones petroleras de Emiratos Árabes Unidos, y Teherán advirtió que cualquier barco que cruce sin su permiso es un objetivo. La calma que bajó el petróleo el martes es frágil, y los mercados lo saben — pero aún decidieron subir.
Lo que el alza de la BMV no revela es el estado de la economía real en México. Los mercados financieros celebraron el alivio externo. La economía doméstica lleva un ritmo muy diferente.
Economía MX sin tracción
La economía de México se contrajo 0.8% en el primer trimestre de 2026 — el peor inicio de año desde 2020. Ese número en sí mismo ya es una señal de alerta. Pero el dato que lo explica es otro: la inversión fija bruta lleva 17 meses consecutivos de caída y se ubica aproximadamente 10% por debajo de su nivel de mediados de 2023. La inversión privada, que representa el 90% del total, registró una contracción de 4.5% solo en enero.
El mecanismo es conocido pero subestimado con frecuencia. Menor inversión hoy significa menor capacidad productiva mañana. Eso reduce los ingresos fiscales futuros y amplía el déficit más allá de lo que Hacienda proyecta. El gobierno ya reportó un gasto 251,658 millones de pesos inferior al presupuesto en el primer trimestre — un ajuste fiscal de emergencia para contener el desequilibrio. Pero el recorte no ataca la causa: la inversión privada que no llega.
Las empresas enfrentan tres frenos simultáneos. Los salarios mínimos subieron con fuerza, lo que comprime márgenes y lleva a recortes de personal menos calificado. La inseguridad añade costos operativos que S&P estima le restan 0.5% al crecimiento anual. Y la incertidumbre regulatoria frena decisiones de largo plazo. El resultado: en los últimos 12 meses se perdieron 230,000 empleos formales, mientras la población en edad de trabajar crece más de un millón de personas por año.
La inflación complica aún más el cuadro. El índice general cerró en 4.53% en la primera quincena de abril, con el componente no subyacente en 5.4% y tendencia alcista. Banxico ha recortado tasas, pero los rendimientos de mediano y largo plazo no ceden — el mercado anticipa que el banco central podría verse obligado a pausar o revertir los recortes si la inflación no cede. Esa posibilidad elevaría el costo del crédito justo cuando la inversión más lo necesita.
BBVA calcula que México necesita un punto porcentual adicional de crecimiento sostenido durante 25 años para entrar al top 10 de economías globales. Con la trayectoria actual, esa meta se aleja. Y hay un factor político reciente que añade presión exactamente donde México menos puede permitírselo: la relación con Estados Unidos.
Sinaloa y el T-MEC
A dos días de que la Fiscalía Federal de Nueva York acusara al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, de narcotráfico y vínculos con el Cártel de Sinaloa, S&P Global Ratings colocó la calificación crediticia del estado en Revisión Especial negativa. La agencia advirtió que los eventos pueden complicar el acceso de Sinaloa a financiamiento bancario en el corto plazo — y Sinaloa ya tenía liquidez "menos que adecuada" antes del escándalo, con 2,695 millones de pesos en deuda de corto plazo que debe refinanciar con Banorte, Santander y BBVA.
El caso Rocha Moya no es solo un problema fiscal de un estado. Es una presión directa sobre la relación bilateral México-Estados Unidos en el momento en que ambos países están en plena revisión del T-MEC. La Fiscalía de Nueva York acusó también a otros nueve funcionarios mexicanos, incluyendo al alcalde de Culiacán. La Cancillería mexicana respondió que los documentos recibidos "no cuentan con elementos de prueba" suficientes para proceder a la detención. Rocha Moya pidió licencia temporal como gobernador — pero el caso sigue abierto.
La conexión con el T-MEC es la que los mercados aún no terminan de procesar. Analistas de BBVA advierten que la renegociación podría extenderse hasta 2027 si el entorno político bilateral se deteriora. Estados Unidos ya ha presionado por mayor cooperación antidrogas — y una acusación de esta magnitud contra un gobernador del partido gobernante complica la postura negociadora de México. Sheinbaum tiene que decidir cuánto distanciarse de Rocha Moya sin debilitar a Morena antes de las elecciones de 2027.
La evidencia apunta hacia un escenario de presión sostenida. El caso judicial avanza del lado estadounidense independientemente de lo que haga México. Si S&P rebaja efectivamente la calificación de Sinaloa en los próximos 90 días — el plazo que la agencia fijó para resolver la revisión — el costo de financiamiento del estado subirá y el impacto político se amplificará. La señal que desactiva ese escenario es concreta: si la FGR inicia investigaciones formales propias y Sheinbaum adopta una postura clara antes de que S&P cierre su revisión, el riesgo de contagio político al T-MEC se reduce. Si no ocurre ninguna de las dos cosas, la incertidumbre bilateral seguirá pesando sobre la inversión privada — exactamente el componente que más necesita México para revertir 17 meses de contracción. Esa es la prueba que vale la pena monitorear esta semana.