Petróleo en 100 vs T-MEC|¿Resiste el grado de inversión?

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Ormuz y el peso

El petróleo Brent cerró martes en 99.58 dólares por barril, apenas por debajo de los 100 dólares, después de que Estados Unidos confirmara ataques defensivos contra posiciones de lanzamiento de misiles iraníes en el estrecho de Ormuz. La lectura de superficie es simple: tensión geopolítica sube, precio del crudo sube. Pero el peso mexicano se depreció apenas 0.08% ese mismo día, y la BMV rompió una racha negativa de tres sesiones con un alza de 1.37%. Esa divergencia entre el crudo y los activos domésticos es lo que el mercado todavía no ha resuelto.

El petróleo no está subiendo por un shock de demanda. Sube porque el tránsito por Ormuz, por donde circula una porción crítica del crudo del Golfo Pérsico, sigue parcialmente restringido desde el inicio del conflicto regional en febrero. Eurasia Group estima que el Brent difícilmente ceda por debajo de 95 dólares mientras no exista un acuerdo definitivo, y que incluso un acuerdo parcial recuperaría apenas entre 30% y 50% del flujo de hidrocarburos previo al conflicto en el próximo mes. Eso no es una resolución; es una pausa en el deterioro.

Para México el canal de trasmisión es doble. El país es exportador neto de crudo, lo que matemáticamente debería beneficiar la balanza comercial, y de hecho abril registró un superávit de 4,520 millones de dólares con exportaciones totales creciendo 32.6% anual. Pero simultáneamente, el encarecimiento del petróleo importado presiona los costos industriales y eleva la inflación percibida, especialmente en energéticos. El gobierno de Sheinbaum está conteniendo el precio de las gasolinas mediante ajustes al IEPS, lo que traslada el costo al déficit fiscal y no a las familias, al menos por ahora.

El flujo que sostuvo al peso ese martes no fue de cobertura ni de carry; fue la confirmación de un récord histórico de Inversión Extranjera Directa en el primer trimestre de 2026, con 23,591 millones de dólares, de los cuales Estados Unidos aportó 10,210 millones. Capital institucional extranjero ingresó a activos mexicanos interpretando ese dato como señal de que el diferencial de riesgo soberano de México sigue siendo competitivo frente a otros mercados emergentes. La pregunta que ese flujo no responde es cuánto tiempo puede sostenerse si el Brent permanece en 100 dólares y el subsidio al IEPS sigue ampliando el déficit.

T-MEC y la cadena

El mismo día en que el crudo amenazaba los 100 dólares, México y Estados Unidos iniciaban la segunda jornada de reuniones técnicas en Ciudad de México para preparar la revisión formal del T-MEC programada para el 1 de julio de 2026. El subsecretario Luis Rosendo Gutiérrez Romano y su contraparte estadounidense Jeffrey Goettman discutieron aranceles de la Sección 232 sobre acero, aluminio y cobre, además de propiedad intelectual y piratería farmacéutica. La agenda no es menor: de su resultado depende si la cadena exportadora que generó el superávit de abril puede sostenerse o si enfrenta una reestructura de reglas de origen que encarece la manufactura nacional.

APIMEX advirtió que el 94% de las empresas mexicanas no está preparada para los nuevos estándares que negocia Washington, particularmente en cadenas de suministro con dependencia de Asia en insumos farmacéuticos y materias primas. La industria automotriz tiene una exposición directa: empresas de Asia que migraron a México en los últimos años para acceder al mercado norteamericano podrían quedar atrapadas en disputas de reglas de origen si el T-MEC eleva los umbrales de contenido regional. Ese riesgo está afectando la decisión de inversión: la industria automotriz confía en alcanzar una meta de 4 millones de vehículos, pero el T-MEC en revisión mantiene en suspenso compromisos de largo plazo.

Carlos Slim, cuyas empresas invertirán 5,000 millones de dólares en 2026 concentrados en infraestructura y el campo Ixachi de Pemex, descartó explícitamente el fracking y toda expansión más allá de los proyectos ya comprometidos. Ese posicionamiento no es solo una decisión operativa; es una señal de que el capital privado doméstico más grande del país está calibrando el apetito de riesgo hacia proyectos de retorno visible y corto plazo, no hacia apuestas de largo horizonte regulatorio. El capital privado institucional que sigue a Slim está leyendo la misma señal.

El Banco Europeo de Inversiones anunció una cartera de 3,000 millones de euros para proyectos de energía y banca de desarrollo en México, y Santander organizó una gira ante fondos europeos en Madrid para posicionar oportunidades de inversión mexicanas. Ese flujo europeo entra condicionado a certidumbre regulatoria, según el propio banco. Si las negociaciones del T-MEC producen un marco más rígido o ambiguo, ese capital espera; si producen claridad, acelera. El T-MEC es en este momento el umbral que determina el ritmo de entrada del capital institucional extranjero no estadounidense, lo cual plantea la pregunta que el capítulo de petróleo dejó abierta desde otro ángulo: ¿a qué precio de riesgo soberano México sigue siendo un destino válido para ese capital si las negociaciones se extienden o fracasan?

Grado de inversión

BBVA México publicó su reporte semestral de banca y situó la respuesta con precisión clínica: perder el grado de inversión podría tomar entre tres y cuatro años, pero el proceso ya comenzó. México está a un escalón de la rebaja soberana con dos calificadoras simultáneamente —Moody's y Standard & Poor's—, ambas con perspectiva estable que puede cambiar si el gobierno no aumenta recaudación o modifica el modelo de negocio de Pemex. Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA México, señaló que el margen existe pero requiere acción. La buena noticia, dijo, es que hay tiempo. La mala es que el tiempo se está usando.

El canal a través del que esto llega a los portafolios es el crédito y el consumo. La inversión cayó 3% anual en los primeros dos meses de 2026, la generación de empleo formal se desacelera, y la tasa de informalidad escaló de 52% a 55% desde 2023. BBVA proyecta crecimiento del crédito total al sector privado de apenas 2% real en 2026, con crédito a empresas avanzando 0.4%. No es una crisis; es una desaceleración que comprime el margen de error fiscal. El capital bancario institucional que financia el crédito corporativo está redimensionando exposición a sectores dependientes del ciclo económico doméstico, y ese movimiento —desde crédito de largo plazo hacia posiciones más líquidas— es visible en la caída de colocación empresarial de los primeros meses del año.

El punto de convergencia entre los tres capítulos es este: el flujo de IED récord, el superávit comercial de abril, y el respaldo de capitales europeos son señales de que México conserva atractivo en el margen. Pero los tres están condicionados al mismo diferencial: que el riesgo soberano no se deteriore más rápido que el rendimiento ofrecido. El petróleo en 100 dólares amplía el déficit fiscal si el subsidio al IEPS se sostiene, el T-MEC en revisión introduce incertidumbre de costos para el exportador, y la desaceleración del empleo formal reduce la base fiscal. Los tres factores apuntan en la misma dirección sobre las cuentas públicas.

El diferencial que sostiene al peso mexicano en 17.29 por dólar es todavía positivo frente a otros emergentes comparables, y la BMV cerró en 69,197 puntos rompiendo la racha negativa apoyada en el sector industrial, financiero y de materias primas. Pero el diferencial no es fijo. La variable de seguimiento concreta es la reunión formal de revisión del T-MEC del 1 de julio: si produce un marco que preserva las reglas de origen actuales y da claridad a las cadenas automotriz y farmacéutica, el flujo institucional que entró en el primer trimestre tiene razón de permanecer. Si la revisión abre disputas prolongadas o eleva umbrales de contenido regional, el capital que hoy está entrando recalcula desde el comienzo, y los 23,591 millones de IED del primer trimestre se convierten en el techo, no en el piso.

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