Petróleo sobre 100 y la BMV en caída|¿Hasta dónde aguanta el peso?
El choque energético
El barril de petróleo mexicano superó los 100 dólares esta semana, y al mismo tiempo la Bolsa Mexicana de Valores cayó más de un punto porcentual dos jornadas consecutivas. Dos cosas que no deberían ocurrir juntas: el petróleo caro históricamente beneficia a economías exportadoras de crudo, pero México está pagando el alza, no cobrándola.
La razón está en el estrecho de Ormuz. Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron su ofensiva contra Irán el 28 de febrero, ese canal por donde transita una quinta parte del petróleo mundial permanece bloqueado. El Brent cotiza en 111 dólares por barril, más del 50% por encima de su nivel previo al conflicto. Y esa turbosina cara no llega a las arcas del gobierno como ingreso petrolero, sino directo a los costos operativos de aerolíneas, cementeras y transportistas mexicanos.
Volaris es el caso más claro. La aerolínea reportó una pérdida neta de 71 millones de dólares en el primer trimestre, un deterioro de casi 40% respecto al mismo periodo del año anterior, después de que el costo del galón de combustible subiera 16%. Ya anunció alzas de doble dígito en tarifas y un recorte del 9% en su capacidad para mayo. Holcim México advirtió que sus costos de combustible industrial aumentaron 40%. Cemex activó coberturas para el 60% del gasto anual porque sus directivos reconocieron que la presión no terminará cuando cese la guerra: la inflación de insumos llegó para quedarse varios meses.
El detonante más reciente fue la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, efectiva desde el 1 de mayo. La intención de los EAU es bombar más petróleo sin las restricciones del cártel, lo que en teoría debería bajar precios a largo plazo. Pero el bloqueo del estrecho de Ormuz impide que ese petróleo llegue al mercado ahora. El resultado: más incertidumbre sobre la oferta en el corto plazo, precios que no bajan y mercados que venden activos de riesgo, incluidas las acciones en la BMV.
La Fed, Banxico y el peso
Ese mismo miedo al petróleo caro encontró su segundo objetivo en el mercado cambiario, pero por una vía distinta: la inflación y los bancos centrales.
El peso cerró en 17.38 por dólar, una depreciación modesta pero que los analistas de EBC Financial Group advierten podría acelerarse si la Reserva Federal adopta un tono más restrictivo en su reunión de este miércoles. El razonamiento es directo: el petróleo sobre 100 dólares eleva los costos energéticos en Estados Unidos, eso mantiene la inflación elevada, y eso obliga a la Fed a no recortar tasas. Bonos del Tesoro cayeron anticipando ese escenario. El bono a 10 años en México rinde 9.05%, frente al 4.36% del equivalente estadounidense, un diferencial que hasta ahora ha dado soporte al peso, pero que se estrecha si la Fed endurece su postura.
Del lado mexicano, la gobernadora de Banxico, Victoria Rodríguez Ceja, anticipó que la próxima decisión del 7 de mayo podría ser el último recorte del ciclo, llevando la tasa de 6.75% a 6.50%. La lógica interna es coherente: la inflación general está en 4.53% anual, por encima de la meta, pero los modelos de Banxico proyectan convergencia al 3% hacia el segundo trimestre de 2027. El problema es que esa proyección asume que el conflicto en Medio Oriente no se agrava más, y que los precios de la energía se estabilizan.
Si la Fed señala pausa prolongada mientras Banxico recorta, el diferencial de tasas se comprime. Eso reduce el atractivo de los activos mexicanos para el capital externo. Los operadores cambiarios ya ubican la resistencia del peso en 17.46 por dólar; un tono hawkish de Powell esta semana podría probar ese nivel.
El T-MEC en juego
Mientras los mercados procesaban el choque energético, la agenda comercial más importante del año para México tomó forma concreta: el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, llegó a Ciudad de México para iniciar la revisión del T-MEC.
Las exportaciones mexicanas alcanzaron un récord de 70,727 millones de dólares en marzo, un crecimiento del 28% anual. Son los números que México lleva a la mesa como argumento central. Pero los números solos no bastan cuando Washington tiene en agenda el capítulo de acero y aluminio, las reglas de origen automotriz y la presión anticorrupción que el Capítulo 27 del tratado podría endurecer.
El vicecoordinador de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, fue explícito: la eliminación de los aranceles al acero y aluminio es prioridad uno. México representa apenas el 7% de las importaciones de acero de Estados Unidos, un argumento que el gobierno considera suficiente para justificar el arancel cero. Del otro lado, The Wall Street Journal documentó la presión interna que enfrenta la presidenta Sheinbaum: cada concesión que hace ante Washington genera fricciones dentro del movimiento gobernante.
La variables que determinan qué tan lejos puede llegar México en esta revisión están conectadas con las otras dos cadenas de esta semana. Un peso débil por la presión de la Fed reduce el poder de negociación mexicano. Un petróleo caro que golpea sectores clave, como aviación y construcción, debilita el argumento de que la economía puede absorber aranceles adicionales sin daño severo.
El peso de la evidencia apunta a que México conseguirá avances parciales en acero y aluminio, pero el escenario de arancel cero generalizado tiene baja probabilidad si la Fed mantiene tasas altas y el petróleo no cede. Si en cambio el estrecho de Ormuz se reabre antes de julio, los energéticos bajan, el peso se fortalece y Banxico puede diferir su recorte, México negocia desde una posición mucho más sólida. Los benchmarks a monitorear son dos: la decisión de la Fed este miércoles y cualquier señal de avance en las negociaciones entre Washington y Teherán sobre la reapertura del Ormuz. Si ambos van en la dirección equivocada al mismo tiempo, la resistencia del peso en 17.46 no será el techo, sino el piso.