Primera ronda T-MEC con aranceles 50% confirmados|¿negociación o formalidad?

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México entra al cuarto de negociación

La primera ronda formal de revisión del T-MEC arrancó este 27 de mayo con una delegación bipartidista de 60 empresarios estadounidenses en la mesa. Eso tiene un precio implícito que el mercado todavía no ha terminado de calcular.

Marcelo Ebrard encabezó la delegación mexicana en lo que la Secretaría de Economía describió como el inicio de una "ruta común" hacia resultados concretos en beneficio de la región. Las partes acordaron una segunda ronda en Washington el 16 y 17 de junio, y una tercera en Ciudad de México durante la semana del 20 de julio. El peso, sin embargo, registró su segunda caída consecutiva frente al dólar ese mismo día.

La razón es que el representante comercial de Estados Unidos, Greer, confirmó públicamente que Washington mantendrá sus aranceles a México aunque se renueve el T-MEC. Los aranceles al acero y aluminio del 50% que Ebrard calificó de "insostenibles" no están sobre la mesa de eliminación — están sobre la mesa como condición base. Fitch Ratings lo corroboró desde el ángulo fiscal: México absorbe un costo fiscal alto por los subsidios a la gasolina que utiliza para neutralizar la inflación importada desde ese acero más caro.

Ese mismo día, el Banco de México recortó su pronóstico de crecimiento 2026 de 1.7% a 1.1% — muy por debajo del 2.3% que Hacienda defiende públicamente. La brecha entre ambas instituciones llega a 120 puntos base, un nivel sin precedente reciente en las proyecciones oficiales de México.

La pregunta que el mercado no pudo responder al cierre del miércoles es cuál de las dos instituciones tiene razón sobre la economía que México llevó a la mesa de negociación.

El leverage que México no puede usar

Una negociación comercial funciona cuando ambas partes tienen algo que retirar si el acuerdo no avanza. El problema del T-MEC 2026 es que México llegó a la primera ronda con su principal herramienta de presión ya comprometida.

El acero y el aluminio son el instrumento tarifario más visible que Estados Unidos aplica a México. Con aranceles del 50% ya en vigor y la confirmación de que permanecerán al margen del resultado de la revisión, los sectores mexicanos de manufactura automotriz y construcción no pueden esperar alivio inmediato del proceso de negociación. Las emisoras de la Bolsa Mexicana de Valores expuestas a esas cadenas de valor — entre ellas Cemex, que ya reportó una caída de utilidades del 73.9% en el primer trimestre de 2026 — descontaron eso antes de que Ebrard cruzara la puerta.

El ex presidente del Consejo Nacional Agropecuario, Bosco de la Vega, señaló públicamente lo que los números sugieren desde adentro: la Secretaría de Economía entra a esta revisión sin el "cuarto de junto" técnico que articuló la negociación original del TLCAN entre 1991 y 1994, y con presupuestos recortados que redujeron el acervo técnico disponible. La premisa no declarada que subyace al optimismo negociador de la delegación mexicana es que la relación comercial con Norteamérica — que pasó de 83% a 88% de dependencia desde 2012 — genera automáticamente un poder de negociación proporcional. Pero esa premisa lógicamente requiere que Estados Unidos valore la integración en términos simétricos, algo que la posición de Greer sobre los aranceles desmiente directamente.

Carlos Slim añadió la perspectiva desde el capital privado: reconoció que México tiene "condiciones para volver a un crecimiento mayor" pero nombró la caída en producción de Pemex y la situación de la empresa como el principal obstáculo. Slim no lo describió como un problema de coyuntura. Lo describió como un problema de producción estructural que antecede a la negociación.

El punto de tensión es este: si Banxico tiene razón sobre el 1.1%, México negocia como economía desacelerada sin capacidad fiscal para absorber represalias adicionales. Si Hacienda tiene razón sobre el 2.3%, hay margen. Pero ninguno de los dos pronósticos es verificable hasta el cierre del año.

Tres rondas, tres fechas, una pregunta sin respuesta

La pregunta que emerge de la primera ronda no es si México y Estados Unidos llegarán a un acuerdo — la institucionalidad del T-MEC hace eso casi seguro. La pregunta es si ese acuerdo incluirá o no la eliminación de los aranceles al acero y aluminio, y qué precio paga México para conseguirlo.

Históricamente, las revisiones comerciales con Estados Unidos que comenzaron con aranceles sectoriales en vigor terminaron de dos maneras. En la negociación del USMCA de 2018-2019, los aranceles al acero y aluminio bajo Sección 232 fueron levantados para México y Canadá como parte separada del proceso, en mayo de 2019, después de que México comprometió acciones de verificación de origen para evitar la triangulación de acero chino. Ese precedente sugiere que la eliminación es posible, pero requiere una concesión paralela no arancelaria — y el equivalente de esa concesión en 2026 aún no ha sido nombrado públicamente.

La segunda ronda en Washington el 16 de junio es el primer punto de verificación real. Si en esa sesión la delegación estadounidense introduce el tema de los aranceles sectoriales como materia negociable — no solo como condición permanente — el peso y las emisoras exportadoras tienen margen de recuperación. El nivel a observar en el tipo de cambio es la resistencia de 19.80 pesos por dólar: su ruptura sostenida indicaría que el mercado descuenta que los aranceles no se mueven en esta revisión.

Si, por el contrario, la segunda ronda confirma el posicionamiento de Greer y los aranceles permanecen fuera del alcance de la negociación, la BMV enfrenta un escenario donde el crecimiento proyectado por Banxico al 1.1% no alcanza para justificar las valuaciones actuales de las emisoras industriales. Cemex recuperó posiciones en la jornada del miércoles como parte del rebote general de 70,000 puntos, pero sus utilidades del primer trimestre ya registraron la caída más pronunciada del índice.

El riesgo que los optimistas del T-MEC no han respondido todavía es si la recuperación de los mercados este miércoles descontó un acuerdo que todavía no existe, o descontó simplemente que la negociación arrancó sin un colapso inmediato. Esa diferencia — entre precio de proceso y precio de resultado — es lo que las siguientes dos rondas tendrán que resolver.

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