SP baja a México|¿Pemex o la Fed como detonante?

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Perspectiva negativa

Cuando S&P Global cambia la perspectiva de México de estable a negativa, mantiene la calificación BBB pero manda una señal que los mercados de deuda no pueden ignorar: el país está a dos escalones del grado especulativo. Lo inusual no es la advertencia en sí misma — es que llega justo cuando Banxico acaba de recortar la tasa a 6.50%, su nivel más bajo desde 2022, señalando el fin del ciclo de ajuste monetario. La pregunta que eso genera no es si México tiene problemas fiscales — ya los tenía — sino por qué la calificadora actúa ahora.

La respuesta está en Pemex. En 2025, por primera vez en la historia, el flujo de recursos se invirtió: el gobierno transfirió 396,000 millones de pesos a la petrolera para sostenerla, mientras Pemex solo aportó 240,000 millones al erario. El boquete de 156,000 millones de pesos ya no es riesgo contingente — ya se materializó. S&P lo reconoció explícitamente: el "esperado apoyo fiscal continuo a Pemex" está erosionando el margen de maniobra del gobierno. Con la deuda de Pemex absorbida por Hacienda y pérdidas de casi 46,000 millones de pesos en el primer trimestre de 2026, la paraestatal dejó de ser un activo energético para convertirse en una transferencia fiscal permanente.

Hacienda redujo su proyección de crecimiento de 3.0% a 2.3% para este año. Banxico anticipa que la economía podría expandirse menos de 1% hacia finales de 2026. En ese escenario de bajo crecimiento y espacio fiscal cada vez más comprimido, el recorte de tasa de Banxico no alivia la presión crediticia — la complica. S&P advierte que si la deuda pública no se estabiliza en los próximos 24 meses, la rebaja a grado especulativo es el paso que sigue. Pero lo que la agencia no explicó es por qué el petróleo — supuestamente un alivio para los ingresos de México — no está ayudando a resolver la ecuación.

Ormuz y el peso

El Brent superó 107 dólares por barril esta semana, con el WTI cotizando en 102 dólares mientras el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Para un exportador de crudo como México, ese nivel de precios debería traducirse en ingresos extraordinarios. En cambio, la mezcla mexicana también cotiza en torno a 102 dólares — y el peso registró su segunda jornada consecutiva de pérdidas frente al dólar, cerrando en 17.22 unidades.

La razón es que el mismo shock energético que eleva el valor del crudo mexicano también está impulsando la inflación en Estados Unidos a 3.8% anual — su mayor nivel desde 2023 — y forzando a los mercados a eliminar las apuestas de recorte de la Fed. El rendimiento de los bonos del Tesoro a dos años se acercó a máximos de junio, y los operadores ahora contemplan la posibilidad de que la Fed suba tasas en 2027. Ese escenario invalida el diferencial de tasas que históricamente sostenía el carry trade del peso, y explica por qué la moneda mexicana pierde terreno incluso cuando el petróleo sube.

La inflación en México cerró abril en 4.45%, pero S&P proyecta que terminará el año en 5.5% y no regresará al objetivo de 3% de Banxico hasta 2029. La canasta alimentaria ya subió 8.3% anual — el doble de la inflación general — con el jitomate disparándose 121% en un año. Banxico recortó la tasa de todas formas, en una votación dividida: dos miembros votaron por mantenerla. Si la inflación no cede mientras la Fed mantiene tasas altas, el peso enfrenta presión bilateral — sin el ancla de la tasa y con un dólar fortalecido por la geopolítica. Y ahí es donde la narrativa de la perspectiva negativa de S&P y la del conflicto en Medio Oriente convergen en un mismo punto de tensión para el balance externo de México.

El ancla del acuerdo UE

El Consejo de la Unión Europea aprobó el 12 de mayo la firma del Acuerdo Global Modernizado con México, un tratado que elimina aranceles sobre más del 99% del comercio bilateral y que beneficiará a más de 45,000 empresas europeas. La firma formal está programada para el 22 de mayo en la cumbre UE-México. En términos de flujo de capitales, el acuerdo llega en un momento en que México busca reducir activamente la dependencia del mercado estadounidense, con el T-MEC bajo presión y la incertidumbre sobre su renegociación debilitando la confianza de los inversionistas — según el propio análisis de S&P.

El interrogante no es si el acuerdo es positivo — lo es. El interrogante es si puede operar como ancla cuando los factores que generan la perspectiva negativa son internos, no externos. La UE es ya el tercer socio comercial de México y el segundo mayor inversor, con 208,900 millones de euros acumulados. Pero la presión de Pemex sobre las finanzas públicas no se resuelve con mayor acceso a mercados europeos para el aguacate o el tequila — eso amplía el lado de los ingresos comerciales sin tocar el boquete fiscal estructural.

El escenario favorable requiere que el acuerdo con la UE acelere la inversión extranjera directa suficiente como para generar crecimiento — el factor que S&P identifica como la única salida sostenible. El escenario adverso es que la perspectiva negativa ya esté descontando un deterioro que los acuerdos comerciales no pueden compensar con la velocidad que Hacienda necesita. El umbral que los mercados de deuda monitorearán en las próximas semanas es si el déficit fiscal mexicano muestra una trayectoria de reducción en el segundo trimestre — o si el peso se vuelve a depreciar por encima de 17.50, lo que señalaría que el carry trade ya no opera como estabilizador. Si el Brent se mantiene sobre 100 dólares y la Fed no recorta en 2026, la probabilidad de que S&P ejecute la rebaja antes del plazo de 24 meses aumenta materialmente.

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